Descripción
Carlos Penas en He roto los abetos ha escrito un poemario sorprendente, mágico, suavemente inquietante, delicioso por inesperado en su asunto, deseable por ser un maná nutricio y sanador, pero sobre todo modélico en su brillo literario y en la belleza de un lenguaje estrictamente personal. Nos trasporta a un universo desconcertante: las cuatro cavidades del estómago de los rumiantes y sus divisiones: el retículo, el rumen, el omaso y el laberíntico abomaso que, como en La Caverna de Platón o en los círculos de la Divina Comedia de Dante, son un lugar lleno de sombras y de fulgores; también de imágenes literarias que iluminan con el misterio de las luciérnagas, y otras frescas y descaradas como ganchos de izquierda pintados por Basquiat.




